Seamos honestos: es más fácil abrir un paquete de verduras congeladas que escogerlas, lavarlas, cortarlas y guisarlas. También es más fácil para los padres alimentar a sus hijos con platillos procesados que obligarlos a comer vegetales, muchos de los cuales, a veces, se quedan sin terminar en la orilla del plato. Sin embargo, llega a ser preocupante la cantidad de sustancias de dudoso origen (muchas no sabemos ni qué son) que entra a nuestro cuerpo gracias a lo que comemos, así que bien vale el esfuerzo de volvernos más “verdes”.
Ya sabemos que el consumo de alimentos orgánicos es muy conveniente para la salud familiar porque están libres de pesticidas, fertilizantes, conservadores y otras sustancias químicas o procesos de modificación genética que afectan al organismo humano a nivel celular. También sabemos que comprar alimentos orgánicos beneficia a los pequeños productores, su cultivo es mucho más amigable con el ambiente y permite que las comunidades agrícolas obtengan los productos de la tierra con técnicas tradicionales, no industriales.
¿Cómo hacer la transición a la alimentación orgánica? Primero es importante verificar que, en efecto, dicho alimento esté certificado como orgánico por alguna autoridad competente, como la FDA en Estados Unidos. Muchos alimentos todavía no son tan orgánicos, ya que el suelo donde se cultivan aún conserva químicos de cosechas anteriores; o bien, son animales descendientes de otros que sí fueron alimentados con semilla y forraje no orgánicos o recibieron hormonas para acelerar su crecimiento y reproducción. Este es uno de los mitos de la nueva alimentación: no asumas que un alimento es orgánico porque la etiqueta dice “natural”.
LA NATURALEZA ES SABIA
La idea de la vida “orgánica” es que sea lo más armoniosa posible con los ciclos naturales; por tanto, consume vegetales de temporada, así te aseguras de que son frescos, de que están en su punto para comerlos y de que su precio es razonable.
De igual manera, prefiere los alimentos de producción local. Todas las regiones son ricas en carnes, aves o pescados y vegetales que pueden constituir una alimentación balanceada. Confía en la sabiduría de la Naturaleza. En los mercados, tiendas y ferias agrícolas pueden asesorarte al respecto y hasta darte recetas. Por si fuera poco, los alimentos importados suelen ser más costosos, así que tu economía también lo agradecerá.
Aquí viene otra recomendación: atrévete a probar sabores nuevos e incorpóralos en tus menús diarios. Así también desarrollarás el sentido del gusto de tu familia y le aportarás más nutrientes. ¡Explota tu creatividad! ¡Inventa ensaladas, postres, sopas, platillos principales o botanas! Si incluyes cuando menos un alimento orgánico en cada comida, ¡vas por muy bien camino! Poco a poco puedes habituar a tu familia, en especial a tus hijos, a este cambio que obrará en su beneficio, si al mismo tiempo retiras de su alcance todo aquello que no aporta nutrientes.
Una excelente noticia es que la mejor manera de comer frutas y verduras orgánicas es en su estado natural; es decir, ¡crudas! Entonces, el tiempo de preparación ya no es pretexto. Pronto notarás mejorías en tu estado físico general y desearás ser cada vez más orgánico.
Eso sí, cuidado con las obsesiones. Si por alguna razón no encuentras cítricos orgánicos, por ejemplo, compra los regulares. Más vale no disminuir el consumo de vitamina C en tu hogar. Es preferible comer una naranja regular a no comerla porque no es orgánica.
Volvernos "orgánicos” es mucho más que una moda: es un cambio de conciencia y, en última instancia, un cambio en tu estilo de vida.










