¡Socorro, un adolescente!

¡Socorro, un adolescente!
Cuando nuestro adorable hijo se convierte en un desconocido.
comenta aquí

Decía una mamá sobre su hijo, en tono de broma: “Qué bueno que conocí a mi hijo cuando era bebé, así pude enamorarme de él. Si hubiera nacido adolescente, no sé qué hubiera hecho con él”. Como padres de adolescentes conocemos el desconcierto que implica convivir con una persona que de pronto nos resulta extraña.

Calma. En esta etapa, lo más importante es tener siempre presentes dos puntos incuestionables: a) amas a tu adolescente y b) por fortuna, la adolescencia es temporal y sí termina… tarde o temprano. Ahora, ¿cómo sobrellevarla?

Primero que todo, no dejes de vigilarlo de cerca. Quizá tu adolescente no sea muy comunicativo y no se abra mucho a conversar contigo. No importa. Obsérvalo siempre: ¿Cómo son sus amigos? ¿Cuáles son sus pasatiempos? ¿Cómo va su rendimiento escolar? ¿Qué música y películas prefiere? Sé discreto y respeta su privacidad, eso sí, pero procura tener sobre él un ojo atento todo el tiempo.

La adolescencia es terreno fértil para la experimentación de situaciones que pueden resultar peligrosas (adicciones, sexualidad, enfermedades, delitos) y afectar su vida entera.

¿Por qué? Porque un adolescente comienza a sentirse dueño de su vida y quiere probar su independencia, pero todavía no tiene criterio. Dado que su inmadurez está en su contra, ninguna precaución es excesiva y esa es responsabilidad de los papás.

“Control”, ¡la palabra clave! Los adolescentes aborrecen la idea de que alguien más los controle, en especial cualquier figura de autoridad. Por eso recomendamos que seas discreto pero firme. En esta etapa, el adolescente busca su identidad y quiere establecerse como rector de sí mismo. Sin embargo, vive dentro de tu entorno familiar y está obligado a cumplir las reglas, que es donde tu firmeza adquiere la mayor relevancia. Sé claro en el establecimiento de dichas reglas y de las consecuencias de no obedecerlas. Tú mismo obedécelas y cumple tus compromisos, porque la consistencia será tu mejor aliada. Tú eres quien debe definir lo que está permitido y lo que no, y cómo lo harás respetar. Siempre. ¡Y no es negociable!

Una señora, para obligar a su hijo a cumplir con la hora de llegada, fue a recogerlo en persona y en pijama a una fiesta cuando apenas el chico tenía un retraso de quince minutos. El bochorno del jovencito fue tan grande que nunca más se atrevió a llegar tarde. Otra más, al ver que su hija no cumplía con las tareas del hogar, dejó de lavarle la ropa. Cuando la chica descubrió que no estaban limpias las prendas que deseaba ponerse para ir al cine, comprendió que su cooperación era necesaria.

No pierdas de vista que el adolescente, por naturaleza, buscará cualquier debilidad que tengas para salirse con la suya y transgredir los límites. Si siempre tienes presente que en esa relación el adulto eres tú, no te resultará tan difícil imponer el orden con todo amor y con toda firmeza.

Lo fundamental es ser consistentes. Si por ser irrespetuoso, el "rebelde sin causa" no tendrá permiso para salir el fin de semana, hay que cumplirlo, una y otra vez. Si porque sacó una mala nota, la "dulce abeja reina" no podrá comprarse el vestido nuevo, también. Las veces que sean necesarias. Causa y efecto. Los chicos deben saber en todo momento lo que para sus padres es inaceptable y aquí se incluyen, por ejemplo, expresiones verbales, hábitos, compañías y tipos de arreglo personal.

Este es otro detalle peculiar: los adolescentes utilizan su aspecto como un medio para expresarse, definirse como individuos e integrarse a un grupo. Tu tarea como papá o mamá es encontrar un equilibrio. Quizá permitas que tu hija se pinte el cabello del color que le plazca pero no que se vista inadecuadamente, por ejemplo, o que tu hijo vista como vagabundo, antes de que se tatúe o se perfore la piel.

En la mayoría de los libros para padres se recomienda establecer una constante comunicación con los hijos adolescentes, pero la práctica demuestra que en ocasiones es casi imposible porque los jóvenes se vuelven callados e inexpresivos. A veces para ellos cualquier compañía es preferible que la tuya, ¡y no es personal!

Sin embargo, esos adolescentes encerrados en sí mismos deben poder acudir a sus padres cuando lo necesiten y confiar en que serán recibidos con afecto. ¿Cómo lo logramos? Bueno, los vínculos entre padres e hijos se establecen desde la infancia. Si tus hijos confiaron en ti desde bebés, lo harán en todas sus etapas de desarrollo. Y aunque resulte paradójico, los jóvenes confiarán más en sus padres si estos se muestran consistentes y predican con el ejemplo, aunque no sea fácil.

Por último, es básico que confíes en ti, en el ejemplo que has inculcado en tus hijos, en la información que les has brindado y en la educación que les has ofrecido. Esos valores guiarán las decisiones de los adolescentes, incluso en las situaciones más confusas o tentadoras. Y recuerda: ¡los amas y la adolescencia no es para siempre!

COMENTARIOS