May 21, 2013

Por qué nunca le diría a mi hija que está gorda

Por qué nunca le diría a mi hija que está gorda

Por Wilma Hernández

 

Debo empezar por aclarar que mi hija de 5 años no es gorda y creo que jamás logrará serlo pues su constitución física no da ese indicio. También debo decir que la llame muchas veces “mi gorda bella” cuando era bebé. Claro, como digna representante de las madres hispanas, ese “gorda bella” era una muestra de cariño.

 

Sin embargo, cuando las niñas entran en la adolescencia y comienzan a desarrollar esa expresión deja de ser cariñosa y se puede convertir en un insulto. Claro, depende de cuán baja sea la autoestima de nuestras rebeldes sin causa. Sin embargo, creo que algunas “expresiones” de las madres pueden tener un efecto duradero en la autoestima de las hijas.

 

Tal vez deba aclarar que ser gorda no implica fealdad, a pesar de que la sociedad insista en imponernos un prototipo de belleza que sólo existe en nuestras mentes, y el cual nos ha creado traumas y aflicciones por intentar satisfacer esa necesidad absurda de ser delgadas.

 

Considero que sí vale la pena adelgazar cuando nuestro peso amenaza nuestra salud, pero de ninguna manera por acatarnos a un prototipo que sólo responde a la bondad de la genética o las posibilidades financieras de cada quien para cambiar su apariencia.

 

Seamos realistas, no todos fuimos bendecidos con un metabolismo privilegiado, y para colmo vivimos en una sociedad sedentaria que se da el lujo de ser superficial.

 

En cuanto a mi hija, a quien encuentro bella, jamás lastimaré su autoestima refiriéndome a su imagen, por el contrario, le recordaré siempre que ella es única y resaltaré rasgos como su ondulado cabello y piel de porcelana. Si un día llegara a ser gordita, será la más linda de todas ante mis ojos. Al fin y al cabo, la belleza es subjetiva y quién es nadie para dictar lo que consideramos bello o no.

 

A veces las madres no perciben que están hiriendo a sus hijas, a pesar de que siempre quieran lo mejor para ellas. En lo personal, las expresiones inofensivas de mi madre nunca atacaron mi amor propio. Aunque en ocasiones, cuando tenía 16 años y 20 libras menos, yo daba golpes en mis caderas ante el espejo queriendo rebajarlas, a lo que ella respondía: “un día vas a querer lo que hoy quieres ocultar.”

 

Debo ser justa con mi madre y decir que si bien me ha criticado en ocasiones, han sido más las veces que me ha elogiado. Y que sus críticas han sido constructivas y bien intencionadas. Además siempre he aceptado la crítica según de quien venga, y viniendo de alguien que me ama tanto sólo podría beneficiarme. De hecho, a mi madre debo la mujer segura de sí misma en la que me convertí.

 

Sin embargo, he conocido mujeres maravillosas a quienes sus madres a menudo critican y he percibido un efecto: no consiguen aceptarse a sí mismas, y aun siendo bellas, no logran admirar esa belleza que las caracteriza.

 

La realidad es que no todos aceptamos la crítica igual, ni todos sabemos criticar. Creo que como todo lo que provoca emoción, la crítica es un arte que convierte al criticado en el escape de quien la expone.

 

Los niños y adolescentes son inmaduros por naturaleza, por tanto no tienen la capacidad para entender la diferencia entre una crítica constructiva y una destructiva.

 

Es preferible elogiar los atributos de nuestros hijos que los define como seres humanos y no esos que ellos no controlan.

 

Sin embargo, creo que se debe elogiar sus atributos físicos sin exagerar, para que no se conviertan en pretenciosos y engreídos. Siempre escuche esto de mi madre: “Mejor que mis hijos no hay nadie, pero tampoco ustedes son mejor que nadie,” así nos decía a mi hermano y a mí. Nos elevaba y luego nos dejaba caer. Esta era su manera de inculcarnos que no éramos superiores a nadie, pero a la vez que no permitiéramos que nadie nos humillara.

 

Entonces, antes de criticar a tus hijos, piensa en todo los tropiezos que les tocará afrontar a lo largo de sus vidas como para tener que lidiar también con traumas innecesarios de la infancia.

 

¿Crees que tu madre ha influido en tu autoestima? Cuéntanos tu experiencia...

 

Wilma Hernández es la editora de Familia de iVillage Mujer de Hoy.

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