Tu bebé de 3 semanas

Tu bebé de 3 semanas

Comienza a levantar la cabeza

Tu bebé de 3 semanas

Tu bebé

Tu bebé ha comenzado a adaptarse a la vida en el exterior. Aunque todavía prefiere acurrucarse entre tus brazos, notarás que cada vez se interesa más por el mundo. Varias veces al día recuéstalo sobre su barriga para darle una nueva perspectiva; esta semana es probable que pueda levantar la cabeza durante algunos segundos; si no lo hace, no te preocupes, pronto ocurrirá. Debido a que los bebés en la actualidad duermen de espaldas, necesitan tiempo adicional sobre sus barrigas para desarrollar los músculos de su cuello, abdominales y espalda. Si tu bebé se altera cuando lo colocas bocabajo, lo cual le ocurre a muchos pequeños, intenta recostarlo sobre tu pecho y reclínate durante algunos minutos en un sillón cómodo.

Esta semana también es un buen momento para introducir el masaje infantil. Está científicamente demostrado que los bebés necesitan contacto (¡mucho!) para progresar. Que no te intimide la idea de aprender a darle masaje. Lo cierto es que masajear a tu bebé es muy fácil y el pequeño no calificará tu técnica. Algunos padres juran que el masaje ayuda a dormir a sus hijos.

Desde luego, con masaje o sin él, los bebés de esta edad necesitan despertar con frecuencia a lo largo de la noche. Sin importar lo frustrante que te parezca, es increíblemente normal. Ya lo has escuchado antes, pero intenta dormir cuando el bebé duerma para asegurarte de obtener también lo que tú necesitas.

También es completamente normal que un bebé llore… mucho. El cólico o los prolongados episodios de llanto inexplicable por lo regular comienzan alrededor de las tres semanas posteriores al nacimiento. Mecer a tu bebé o sobarle la barriga puede ayudar, pero cuando el llanto dura horas cada vez, la persona por quien necesitas preocuparte eres tú misma. ¡Es estresante escuchar llorar a tu bebé! Cuando el llanto te saque de quicio, respira profundo varias veces, recuesta al bebé en la seguridad de su cuna, aléjate y concédete diez minutos para hacer algo que disfrutes. El bebé sobrevivirá… y tú también.

Tu vida

¿Cómo van las cosas “allá abajo”? Para este momento, si el parto fue vaginal, tu flujo debe ser de color blanco-amarillento o rosado. Si tu flujo aún es abundante o de color rojo brillante, llama a tu médico. A las seis semanas, el flujo debe detenerse por completo. ¡Arroja a la basura el frasco de peri, si es que aún no lo haces! Cualesquiera desgarres o incisiones de episiotomía deben haber sanado ya. Quizá todavía sientas ardor durante algún tiempo (después de todo, ¡pujaste para expulsar a un ser humano!), pero debes poder sentarte con comodidad. Los baños de asiento pueden ayudar a aliviar cualquier ardor persistente.

¿Ya has salido de casa con el bebé? Viajar con un bebé, o incluso solo hacer algunas diligencias, no es tan difícil como parece pero sí requiere más preparación. Intenta programar las salidas justo después de un alimento. Tu bebé estará satisfecho y hasta puede quedarse dormido durante todo el trayecto. Si despierta, puedes aprovechar la oportunidad para practicar tu lactancia en público (si le das pecho). Si te da vergüenza, métete a un baño o regresa a tu auto.

La clave para recorrer la ciudad con un bebé es la preparación. Una bien empacada pañalera (que influya cambios completos de ropa para el bebé: las explosiones de popó ocurren cuando menos las esperas) es esencial. También lo es un plan de respaldo. Sí, puedes haber planeado una visita al banco seguida por el almuerzo con una amiga, pero si tu bebé de repente se pone quejoso en el trayecto al restaurante, es momento de aplicar el Plan B. Quizá tu amiga pueda ayudarte a sacarle el aire al bebé mientras terminas de comer; es muy probable que ella muera de ganas de cargar al bebé, en todo caso. O tal vez ella acepte comer rápido y ambas puedan continuar su charla mientras pasean al bebé en su carriola alrededor de la cuadra. Sin embargo, no te preocupes si no estás lista para salir por esa puerta. Tener un bebé es un gran suceso y puede tomarte tiempo ajustarte, en especial si tuviste un parto complicado.

Con todo el llanto y los cambios extremos de vida, también está bien tener sentimientos no tan entusiastas hacia tu bebé en ciertos momentos. Y si no experimentas momentos periódicos de frustración extrema, entonces eres una santa. Cuidar a un bebé es un trabajo demandante; por tanto, es natural sentirte abrumada de vez en cuando. Además, la creación de vínculos es una experiencia continua. Sé amable contigo misma mientras conoces bien a tu bebé y, si te preocupa la posibilidad de que esos sentimientos signifiquen algo más, platica con tu médico acerca de la depresión postparto… y no olvides el apoyo que proviene de compartir tus sentimientos con otras mamás que hayan vivido lo mismo que tú.

COMENTARIOS