Litzy Domínguez es Marisa Lujan

Litzy Domínguez es Marisa Lujan
Es una mujer hermosa, decidida, hecha por su propio esfuerzo y luchadora incansable por su dignidad y la de los suyos.

Su naturaleza es despierta, inteligente, siempre tiene a flor de labios una palabra justa y directa sin ser grosera.

 

Es discreta y reservada cuando debe serlo pero también puede expresar la alegría natural que le brota espontáneamente cuando está feliz. Desde joven le gustaron los deportes y el baile. No puede escuchar música sin que le corra por el cuerpo la energía de querer moverse y cada vez que podía, de muchacha, salía con sus amigas a bailar.

 

Si otro hubiera sido su entorno a lo mejor hubiera llegado a ser una gran jugadora de basketball, pero la vida la llevó por otros caminos y le puso desde muy joven la responsabilidad de un hijo que se transformó desde que fue concebido en una fundamental razón de ser para su existencia. Por ese hijo, Eduardo, “Lalo”, de cariño, es capaz de cualquier cosa.

 

Se vino tres años antes del inicio de nuestra historia desde su natal pueblo de Michoacán, México, para los Estados Unidos, huyendo del flagelo de la droga que invadió también su apacible pueblo natal. Aún cuando su relación con Víctor Mendoza, el padre de su hijo, ya no estaba muy bien, vieron en esa oportunidad de cambio de vida una posibilidad de salvación de su unión, la cual, aunque nunca se casaron, fue siempre como un matrimonio con todas las de la ley, sobre todo el típico hábito machista de Víctor de marcharse los viernes de farra con sus amigos y aparecerse los domingos sin un quinto en el bolsillo y con una cruda monumental.

 

En Estados Unidos tenían algunos parientes, la más importante y cercana Marcela, la madre de Marisa, quien abandonó todo por seguir a un hombre y radicarse con él en California unos cuantos años atrás, lo que hizo que madre e hija se distanciaran, no sólo por lo repentino de la decisión, tomada sin pensar en que dejaba una hija y un nieto atrás, sino sobre todo porque dejó un marido enfermo, el padre de Marisa, quien murió poco tiempo después de rabia y tristeza. Desde ese momento nuestra protagonista decidió que también se vendría al otro lado de la frontera, tras el sueño americano, pero haciendo las cosas bien. Cerró su casa en Michoacán y con los ahorros que tenía, sacados a duras penas en su trabajo como administradora de un pequeño Hotel turístico, decidieron casarse, teniendo la ventaja adicional que Marisa y Lalo podrían obtener los papeles legalmente pues Víctor había nacido en Estados Unidos.

 

Comenzaron ese proceso y decidieron el viaje. Una vez que llegaron a California, que entraron en contacto con Marcela y con la familia de Víctor, las cosas parecían que iban a marchar pero al poco tiempo todos, incluida su madre, demostraron que seguían siendo los mismos. La familia de él egoísta, pensando sólo en su provecho, creyendo que Marisa había venido para hacerle de sirvienta, él en sus farras con los nuevos amigos que hizo apenas pisó tierra norteamericana.

 

Poco tiempo necesitó Marisa, para tomar la decisión de irse de ese entorno y mirar en grande y como su hijo siempre soñó con Nueva York decidió irse para allá. Agarró a su hijo y atravesó todo el territorio para ir a parar en Manhattan, la capital del mundo, en su manera de ver las cosas. Y allí encontrará todo lo que ha buscado en la vida que no es más que la posibilidad de que la dejen trabajar en paz por su felicidad y sobre todo el amor en la persona de Cristóbal Parker Salas.

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