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Un día después de la boda civil entre el Príncipe Alberto II de Mónaco y Charlene Wittstock se celebró el casamiento eclesiástico ante 3.500 personas reunidas en uno de los patios del palacio real monaguesco.
La novia, que lució un sencillo vestido de Armani, que revelaba discretamente su hombros, llegó acompañada de su padre, que la entregó al príncipe ante el altar.
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- Charlene optó por llevar el pelo recogido y adornado con una joya plateada. Un discreto velo cubría la cara de la ya princesa, que eligió un maquillaje sencillo en el que destacaban los tonos rosas.
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Los novios ante el altar antes de darse el sí quiero por la Iglesia. Alberto lució un uniforme militar en tonos beige.
La novia estaba hermética y muy apocada en los primeros momentos, incluso parecía no atraverse a mirar a su ya marido, pero a medida que fueron pasando los minutos se fue relajando, algo que se pudo apreciar en sus gestos, pero siempre dentro de la discreción.
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Uno de los momentos más esperados del enlace, cuando el Príncipe Alberto tomó el anillo para ponérselo en el dedo anular de su mano izquierda.
La hija pequeña de la princesa Carolina de Mónaco, Alexandra de Hannover, fue la encargada de sostener la almohada que portaba las alianzas, que iban atados con cintas de seda.
La novia, nacida en Zimbawe el 25 de enero de 1978, es una nadadora profesional que llegó a competir en el equipo nacional de Sudráfica en las Olimpiadas de Sidney del 2000, que quedó en quinto lugar en esa competición.
Precisamente, ese mismo año, fue cuando conoció al príncipe Alberto, gran aficionado a los deportes, durante el campeonato de natación Marenostrum de Mónaco.
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Ahora le toca el turno a Charlene de ponerle la alianza a su esposo. En este caso, es la sobrina de Alberto, la princesa Paulina, hija de la princesa Estefanía, la que se encargó de portar la almohada con los anillos.
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Otro de los emotivos momentos del enlace, cuando una vez intercambiadas las alianzas, Alberto retira el velo de Charlene y se besa, para culminar su unión matrimonial.
El esperado beso coincidió en el momento de la liturgia en el que el sacerdote pidió a los feligreses que se dieran la paz.
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Charlene y Alberto muy atentos a los cánticos de la ceremonia, en la que participaron artistas de la talla del tenor italiano Andrea Bocelli, que interpretó el tradicional Aver María.
Uno de los instantes más alegóricos de la misa fue cuando se interpretó un tema de ritmos africanos, puesto que la novia y su familia se trasladaron al país africano cuando Charlene era todavía muy niña.
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- Los novios, ya marido y mujer ante los ojos de Dios, abandonan el recinto de la ceremonia donde fueron recogidos por un vehículo que les llevaría a la iglesia de Sainte Devote.
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La pareja en el paseillo por la alfombra roja a la salida del patio del palacio real que fue el lugar elegido para la celebrar la ceremonia religiosa.
Ambos caminan sobre pétalos de rosas blancas que arrojaron tanto los invitados como el cortejo real, formado por niños que vestían el tradicional traje monaguesco, con los colores de la bandera nacional, blanco y rojo.
En esta foto se puede apreciar el vestido de Charlene que estaba radiante con el diseño de líneas muy rectas creado por el italiano Georgio Armani. El propio diseñador ya lo afirmó ante un grupo de periodistas durante la Semana de la Moda de Milán celebrada el pasado mes de enero, pero el Palacio de Mónaco evitó hacer cualquier declaración para mantener hasta el último momento la incógnita.
Lo más destacable del mismo fue la larga cola y el discreto velo que cubría su rostro.
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La pareja de recién casados montó en un auto marca Lexus descapotable y con asientos de cuero blanco. El vehículo, de color azul marino, fue expresamente fabricado para la ocasión. Con la parte trasera al descubierto y el conductor bajo techo.
Los novios de dirigieron en el mismo a la Iglesia Sainte Devote y durante el trayecto saludaron a la muchedumbre que se congregó en las calles de Mónaco para felicitar a los recién casados.
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Un bello primer plano de Charlene, quien volvió a hacer justicia a su estilo elegante y sencillo y eligió para la ocasión un maquillaje ligero en el que sobresalieron los tonos rosados.
Uno de los detalles que más sorprendieron es que decidió no llevar pendientes, así como otras joyas. La única que llevó fue la alianza, una vez casada por la Iglesia.
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Los novios contuvieron sus emociones en todo momento, hasta que Charlene estalló en lágrimas durante el tema que interpretaron una mujer y una niña en la Iglesia Sainte Devote.
En este templo, Charlene depositó su ramo de flores ante el altar, tal y como hizo su suegra, la fallecida Grace Kelly, el día de su boda en 1956 con el príncipe Rainiero, padre de Alberto y también desaparecido.
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- La pareja de recién casados a la salida de la Iglesia Sainte Devote, donde volvieron a aprovechar la ocasión para saludar a los reunidos que les daban la enhorabuena a gritos y los aplaudían.
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- El esperado momento del beso no se hizo esperar y los novios se fundieron en un corto pero tierno beso a las puertas de la Iglesia Sainte Devote, una vez que Charlene ya había depositado su ramo de flores.
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Más saludos de la pareja al pueblo monaguesco, que inundió las calles con aplausos dirigidos a los recién casados.
Alberto y Charlene no ocultaron su felicidad. La pareja se lleva casi 20 años de diferencia, él tiene 52 y ella 33.
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- Los novios de nuevo en el auto real que les condujo nuevamente al palacio real donde les esperaban los invitados para celebrar el banquete, que tiene previsto porlongarse hasta altas horas de la madrugada.
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